Buscador

lunes, 5 de noviembre de 2012

Fabricio Lanza. El tenis en los huesos



Cero trago, cero cigarrillos”. Ambas locuciones representan la vida que este jovencito, tenista de convicción y vocación profesionales, se ha impuesto a los 16 años.

Con una decisión indestructible describe su rutina diaria: “me levanto a las 07.00, desayuno bien, tomo Herbalife, un batido, avena o directamente cereal con leche solamente, y yogur”.

Fabricio Lanza, que ya ostenta un par de títulos nacionales y que no ceja en estudiar, no sólo presenciar todos los partidos de tenis profesional que transmite la televisión por cable, ha asumido su profesión como un sacerdocio.

A los 16 y con el buen pasar que le ofrecen sus padres, podría decirse que es un deportista asceta.

Los fines de semana, tras cinco días de pupitre y pizarra, de libros, números, exponentes, signos y tareas, también los dedica a su preparación física, que no implica, necesariamente, saques, cientos por jornada, reveses, sino también dieta.

Fabricio está en la edad en que la saciedad es un mito, en que los peristaltismos traqueo faríngeos e intestinales no tienen solución de continuidad.En el desayuno, “los sábados como huevos, luego voy a clases y salgo del colegio a las 14.00. Llego a almorzar, duermo (una siesta) y a las 15.30 ya estoy entrenando”, refiere este admirador del suizo Roger Federer.

Fabricio debe entregarle al menos 21 horas de su semana a entrenar tenis y un tercio de esa cifra al trote. Él prefiere decir aeróbicos.A golpe de vista, se nota que no se permite tejido graso. Su padre, David, que sigue la entrevista de este diario con Fabricio detrás de unas antíparras, de esas que se unen a la altura del entrecejo por la atracción de los polos de un imán, agrega con menudo orgullo que su vástago “es pura fibra”.

“Entreno todos los días de 15.30 a 18.30 y los sábados tenemos dos entrenamientos en la mañana y en la tarde, hay que tener mucho físico, es duro, pero es lo que me gusta a mí, y veo cuando juegan internacionalmente los argentinos, se entrenan así o más que yo, y veo que les va bien, y también quiero entrenar igual para que me vaya mejo”, matiza.

Hace unas semanas, este diestro, dueño de uno de los mejores saques del actual tenis criollo, se colgó dos preseas de campeón boliviano en una vuelta por Sucre: la primera en singles 16 años, su edad y, la segunda, en 18 años dobles.

“Yo creo que tengo uno de los mejores saques acá; en Santa Cruz también sacan bien. El saque es clave, el saque es lo más importante, todos los días por lo menos hago saques; si estoy fallando en algo, entreno con puro saques. Hago tres canastos, es lo mínimo que hago; si estoy fallando mucho, hago más aún.

No arredra cuando se trata de plantar cara a los desafíos que le ha planteado la vida.“Comencé a jugar a los siete años…”, afirma este campeón bisoño de 1,73 metros de estatura física y 62 kg de hueso y músculo, que comenzó “pegándole a la pared”, y que ha puesto la mira muy alto, tanto así que los “grandotes” no le preocupan.

“Todos los jugadores profesionales son altos. Hay algunos que son exagerados como uno que es el más alto del circuito del tenis internacional que mide 2,16 m; para él es muy fácil sacar, pero si yo juego contra un alto lo que hago y lo que los altos les resulta difícil es, digamos, bajar la bola, les cuesta agacharse, es la debilidad para los altos”.

Lanza sabe que su disciplina le llevará lejos, que los atributos técnicos y la preparación sacerdotal, el acondicionamiento del físico, no son mutuamente excluyentes; al contrario forman la sinergia del éxito.

Un día normal de este tenista que, por su visión de equipo habla simultáneamente en plural y singular para referir sus denuedos personales, contiene los siguientes desarrollos, atípicos para un pibe de esa edad:

“Hoy, en la mañana (de un día cualquiera) de nueve a diez (horas) hemos ido al gimnasio, pero hemos hecho un poco de pesas; trabajo en hombros y piernas, y luego hemos hecho físico en el gimnasio. Después fuimos a la cancha, hemos hecho canastos, hay que corregir, y la última hora hemos hecho puro… Terminé de entrenar a las 12.00. He vuelto a las 15.00 y hemos hecho gimnasio. Hago siesta de 14.00 a 15.00, cuando voy al colegio no. A las 15.30 vas a entrenar, todos los días, pero a veces voy a las 15.00 para hacer un poco de saques, hoy hicimos físico, y luego jugamos puros puntos, es un día de entrenamiento hasta las 18.30, de ahí descansas”.

El extenista y ahora docente Horacio Valenzuela es su entrenador y, como tal, aprovecha la vocación que este pupilo de proyectos faraónicos tiene por la preparación física, y alguna vez se los ha visto “trotando juntos”.

“Mis entrenadores admiran eso de mí, que yo siempre haga el físico, que tenga buen físico, haga abdominales, salga a trotar, siempre me ven bien”.Fabri, como le dicen todos, incluso los que no le conocen, tiene ya, a los 16 años, “cancha” internacional y, para un tenista de un país que en esta disciplina ha producido poco, por no decir “nada”, se ha registrado en las comparaciones mundiales del deporte blanco, más popular y mucho menos blanco que hace dos décadas cuando los apellidos bolivianos de esta órbita no eran más que dos: Benavides y Alvarado.

“Estuve (en el escalón) 20 en Sudamérica, con 16 años”, describe este joven que sabe tan bien con la pelota de tenis y la raqueta, como con el pie, pues quienes le han visto jugar al fútbol dicen que hubiera sido un buen “10”.

Fabricio Lanza conoce de sobra que la agonística en el deporte es tan importante como entrenarse, hacer físico y cuidarse de la noche y sus placeres.“Cuando haces un muy buen punto gritas, te dan el apoyo que te motiva, de la gente que te aplaude; ya he sentido eso muchas veces. En Colombia estaba con el público en contra, gané un punto y toda la gente arreció en su apoyo a mi rival, entonces cuando yo juego en Bolivia toda la gente me va a ver, es diferente”, hurga en el estante de sus recuerdos recientes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario